Ponte los calcetinesCambiar idioma: English

La historia de mi madre

Por qué existe esta web

La historia detrás de la web: un gesto sencillo y repetido para conservar la movilidad a los 90 años.

Hay cosas que no están en el libro porque no se aprenden de un libro. Esta es una de ellas.

Hace unos años, mi madre tenía noventa. A esa edad, el peor enemigo no es una enfermedad: es dejar de moverse. El cuerpo se vuelve cauteloso, el suelo da miedo, y poco a poco uno deja de agacharse y de levantarse. Y lo que se deja de hacer, se pierde.

Yo no quería darle una rutina de yoga — se habría reído de mí. Quería darle UN solo gesto, tan sencillo que pudiera hacerlo cualquier día sin pensar.

El gesto era agacharse despacio, como quien deja un platito de leche en el suelo para un gato, y volver a subir. Una y otra vez, suave, sin prisa. Lo llamábamos así porque la imagen lo cambia todo: si le dices a una persona mayor «tócate los pies», se pone rígida y fuerza la espalda. Pero «deja el platito para el gato» es una tarea cariñosa, sin nota final. El cuerpo se relaja, y entonces se mueve mejor.

La clave técnica siempre es la misma: doblar un poco las rodillas — eso protege la espalda —, inclinarse desde las caderas y llegar solo hasta donde no duela. Poco y a menudo.

Esta web existe para repartir ese gesto: para que tu madre, tu padre, o tú misma, podáis seguir poniéndoos los calcetines sin ayuda. Los vídeos son cortos, empiezan sentados y no piden nada más que una silla firme.

“Nunca es tarde para empezar, y nunca se es demasiado mayor para conservar lo que ya se tiene.”

— Frank Calber